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jueves, 14 de abril de 2011

VELOCIDAD Y TIEMPO



En esta reliquia cinematográfica tenemos una mágica ventana al pasado y, paradójicamente, al presente. No hay guión, no hay actores. La acción esta compuesta tan sólo de desplazamientos para nosotros aleatorios. La vida carente de narratividad, tal cual es.

En ella ningún momento se encuentra -al contrario que en una obra literaria- en función del futuro. Las cosas ocurren por mil razones contrapuestas y de su combinación resultan otras cosas igualmente aleatorias. Sólo la recapitulación las engloba, simplificándolas bajo la horma de un punto de vista.

Tan banal y fantástica como la vida, la filmación se labra deslizándose a través de los hechos sin vincularlos, sin explicarlos, en medio de un caos mudo que se aglomera en nódulos de significado que tal como se forman se disuelven. Puro presente, vida.

viernes, 17 de octubre de 2008

NACIONALISMO/ imagen MS paint José Espona



Los nacionalistas galegos muestran como su propuesta más radical la independencia de Galicia.
Pero el reino de Galicia estuvo vinculado desde el principio al núcleo de territorios que formaron el conglomerado que se expandiría por la península para acabar formando España: a la corona de León y de Castilla a través de la casa de Trastámara (tras el Támara / Tambre).

Pero aún antes, el reino suevo de Galicia, tan vindicado por el romanticismo galegista, era en sí mismo una creación extranjera -los suevos vendrían desde Alemania ¿Suabia?- (y los vándalos, ¡desde Osetia!).

Por tanto hay que ir aún más atrás, saltando por encima de la Galaecia romana, territorio imperial de cuya muy imperialista lengua latina fue formándose el gallego.

Si seguimos así, pelando la cebolla, llegaríamos a la Galicia prerromana, a la que quizá pudiésemos calificar de auténticamente autóctona.

Claro que entonces ya no se llamaría Galicia, ni siquiera sus habitantes tendrían noción de pertenecer a otro conjunto que el de su castro, o su valle, o su tribu.

La auténtica Galicia no se llamaría ni Galicia ni nada, ni hablaría en gallego, ni tendría conciencia de nación ni de qué cosa pudiera ser una nación.

Esto sí que es nacionalismo ultrarradical!