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viernes, 27 de noviembre de 2009

RETRATO DEL ARTISTA ADOLESCENTE



"Nueve meses en el vientre de mi madre, han bastado para hacer de mí un anciano"

¡Que frase de adolescente! Søren Kierkegaard quiso, quizá, aludir con ello a la perspectiva desilusionada -esto es: no ilusa- de la vejez, o ,como diría un filósofo chino, que "La sabiduría precisa de la vejez". Aunque, aún más pesimistamente todavía que desde la gélida visión nórdica, habría que reconocer que se puede, sin embargo, ser imbécil a cualquier edad.

Pero, de todos modos, esta clase de frases tremendas son típicas de la adolescencia, cuando se adolece de algo y parece que el mundo y uno mismo están por completar. Es más: cuando uno cree que lleva dentro de sí la pieza que falta para completar el rompecabezas. Ah!...os acordáis de cuando teníamos ilusiones, camaradas del asilo?

Què tragicómica es esa postura de artista, en la que uno quiere verse a sí mismo desde fuera, marcado con una señal de nacimiento que parece al mismo tiempo una condena y una distinción, una cruz de martirio desde la que algún día se ascenderá a la gloria.

Es por esa fe en el propio destino que los artistas son vistos, y se quieren ver a sí mismos, como criaturas que permanecen con una ilusión infantil, original e ingenua a pesar del paso de los años.Y en eso hay algo de verdad y mucho de parodia.

Lo dicho, que se puede ser tonto a cualquier edad.

miércoles, 13 de mayo de 2009

DEL GRAN DESILUSIONISTA FP



"VIAJERAS" Óleo sobre lienzo, 100 x 81 cm


LIVRO DO DESASSOSSEGO. Fernando Pessoa.

343- Como todo individuo de gran movilidad mental, tengo un amor orgánico y fatal a la fijeza. Abomino la vida nueva y el lugar desconocido.

348- El ùnico viajero con alma verdadera que he conocido era un chico de la oficina que había en otra casa en la que, en tiempos, estuve empleado. Este muchachito coleccionaba folletos de propaganda de ciudades, países y compañías de transporte; tenía mapas -unos arrancados de periódicos, otros que pedía aquí y allá-; tenía, recortadas de diarios y de revistas, ilustraciones de paisajes, grabados de costumbres exóticas, fotos de barcos y navíos. Iba a las agencias de turismo, en nombre de una oficina hipotética, o quizás en nombre de cualquier oficina existente, posiblemente la misma en que estaba, y pedía folletos sobre viajes a Italia, folletos de viajes a la India, folletos con las combinaciones entre Portugal y Australia.

No sólo era el mayor viajero, por ser el más verdadero, que he conocido: era también una de las personas más felices que me ha sido dado encontrar. Me da pena no saber lo que ha sido de él o, en realidad, supongo solamente que debería darme pena; en realidad, no me da, pues hoy, cuando han pasado diez años, o más, sobre el breve tiempo en que le conocí, debe ser un hombre, estúpido, cumplidor de sus deberes, quizá casado, sustentáculo social de cualquiera- muerto, en fin, en su misma vida. Hasta es posible que haya viajado con el cuerpo, él, que tan bien viajaba con el alma.

Me acuerdo de repente: él sabía exactamente por qué vías férreas se iba de París a Bucarest, por qué vías férreas se recorría Inglaterra y, a través de las pronunciaciones equivocadas de los nombres extraños, estaba la certeza aureolada de su grandeza de alma. Hoy, sí, debe haber subsistido para muerto, pero tal vez un día, de viejo, se acuerde de que no es sólo mejor, sino más verdadero, soñar con Burdeos que desembarcar en Burdeos.

Y, entonces, tal vez todo esto tuviese otra explicación cualquiera, y él estuviese solamente imitando a alguien. O...Sí, creo a veces, al considerar la diferencia hedionda entre la inteligencia de los niños y la estupidez de los adultos, que somos acompañados durante la infancia por un espíritu de la guarda, que nos presta su propia inteligencia astral y que después, tal vez con pena, pero debido a una ley superior, nos abandona, como las madres animales a las crías crecidas, a la ceba que es nuestro destino.

352- Todo paisaje/ no/ está en parte ninguna.