lunes, 6 de octubre de 2008

viernes, 3 de octubre de 2008

miércoles, 24 de septiembre de 2008

lactarius mysticus


Ayer tarde fuí, como siempre, al bosque con el perro. Encontré bastantes setas (níscalos, lactarius deliciosus) lo cual es raro tan pronto. Las llevé a casa, las preparé con arroz y me las tomé de cena.Quizá se me haya colado algún hongo de otra variedad, porque al dormirme -muy tarde- tuve un sueño espectacular.

Estaba en el fondo de un acantilado; sus paredes me circundaban formando un enorme tubo que ascendía hasta el cielo. Del muro circular colgaban espesas y enmarañadas plantas trepadoras entre las que chorreaba continuamente agua que se pulverizaba en su caída, como en una selva tropical. Miré hacia lo alto y abrí los brazos en cruz mientras tomaba aire con fuerza.

Mis pulmones se hincharon; notaba la presión del aire en el interior del pecho, como cuando se bucea en lo hondo. De pronto, toda esa tensión de los brazos abiertos y echados hacia atràs y de la respiración contenida, se convirtió en un impulso hacia arriba, y comencé a ascender como si un hilo invisible me arrastrase en dirección al resplandor del cielo.

Sentía una sensación ambigua, entre un temor asombrado y la alegría infantil de desprenderse del propio peso, entre el arrancamiento de mí mismo y la ligereza.

Al ir llegando al borde superior el resplandor era intensísimo: todo se volvía blanco. En ese momento dije: es dios!- y me sentí lanzado hacia afuera de mí mismo, como si estallase desde dentro. Creo que grité, pero con una satisfacción extraña, una liberación sorprendente...y me desperté.

No soy creyente en absoluto, (no creo ni en la materia), pero siempre he sentido que el germen del sentimiento religioso crece en una experiencia íntima de raíz física, hincada en nuestro mismo cuerpo,y en la incomprensibilidad del cuerpo por parte de la mente.

A lo largo de mi vida he tenido dos o tres sueños espectaculares que todavía recuerdo. ¿En qué se diferencia el recuerdo de un sueño del recuerdo de un suceso real?...según dicen ahora los neurólogos, las neuronas que imaginan el futuro son las mismas que las que recuerdan el pasado.

La cúpula del hongo
ese templo pequeño
guardando los ensueños,
la locura del bosque.


Imagen digital José Espona

lunes, 7 de julio de 2008

CAPERUCITA Y EL LOBO


En el centro del bosque
diminuta, perfecta
sin aplastarla pisan tus leves pies la hierba
roza apenas tu paso ese color feliz de las violetas.

Ah, pequeña, pequeña
una manzana roja en medio de mi sombra, de mi niebla.
Un olor a lavandas enterradas:
el temblor de la caza me despierta.

Te has dormido debajo de un castaño viejísimo
discos de vidrio vuelan, te circundan
delgados, transparentes
emitiendo en su giro una vibración sorda.

Pasan junto a las hiedras y hacen temblar sus hojas
recogen la humedad intacta del rocío
susurran en la sombra miedosa del helecho
gimiendo y repitiendo voces de desamparo.

Son tus sueños, mis sueños y los sueños del bosque
fabricados en donde todos somos lo mismo
deslizando su vuelo en el aire pesado
sin detener la magia de su giro lentísimo.

Han entrado, inconscientes, en la tierra del lobo
ingenuamente hieren sin motivo mi sombra, mi amargura
se acercan hasta el filo de mis dientes, jugando
a remover las brasas de mi soledad.

Ah, pequeña, pequeña
el resplandor alegre de tu capa escarlata
es una herida viva en el sopor dorado de las hojas caídas
y un dolor dulce de hambre me oprime la garganta.

Te acecho sometido a la ley que me rige
a ciegas, brutalmente, destruyo lo que amo
buscando a su través el sitio de mi paz
y no lo encuentro.

Detrás de tu quejido tan solo había un espejo
reflejando mi horror sediento y asombrado
más solo todavía, solo con lo imposible
(en mis zarpas lloraba tu corazón minúsculo).

Me encierro en mi cubil, ahora huyo de los pájaros
me doy a un sueño triste que lastiman tus ángeles
que habrán de abrirme el pecho porque salgas
de nuevo hacia la vida, ligerísima.

Eres toda de plata, tu caperuza roja
sobrevuela los pinos, los retorcidos robles.
Te veo abandonarme, luminosa, veo como te alejas
circundada por húmedos, lentos aros de vidrio susurrantes.

Esos aros que vibran, tu juguete, mi muerte
todavía conservo en los ojos abiertos
un resto de mirada que te busca, que observa
los aros transparentes, volanderos, brillantes

Que lentamente giran en el aire encendido
vibrando y repitiendo voces de desamparo.


Foto José Espona

miércoles, 4 de junio de 2008

LEGADO

Erik Satie, músico raro, humilde -capaz de volver a tomar clases de composición en su madurez, al parecerle que no dominaba correctamente el contrapunto- y solitario a pesar de su contacto con jóvenes músicos, fue siempre muy pobre. Sobrevivía gracias a su trabajo como pianista de variedades, mientras componía sin beneficio alguno, escribía textos extravagantes y realizaba proyectos ideales de castillos de metal que ofrecí-oferta imposible de realizar- en alquiler a través de anuncios por palabras en los periódicos.

Del artículo Erik Satie (epílogo) de la Wikipedia, transcribo un listado de lo que se encontró en la habitación de las afueras de París donde residía.



"Hasta el año de su muerte en 1925, absolutamente nadie excepto él entró a su habitación en Arcueil desde que se mudó hacía veintisiete años. Lo que sus amigos descubrieron ahí, después de su entierro en el cementerio de Arcueil, tenía el encanto de la tumba de Tutankamon; además del polvo y las telarañas (lo cual entre otras cosas hizo claro que Satie jamás compuso usando su piano), descubrieron numerosos objetos:

  • una colección de unos cien paraguas, algunos aparentemente jamás usados;

  • el retrato que le hizo su amiga Suzanne Valadon en 1893;

  • cartas de amor y dibujos de la época de Valadon;

  • otras cartas de todos los períodos de su vida;

  • su colección de dibujos de edificios medievales (hasta entonces sus amigos empezaron a ver la relación entre Satie y ciertos anuncios de periódico anónimos acerca de “castillos en plomo” y cosas parecidas);

  • otros dibujos y textos de valor autobiográfico;

  • otras cosas memorables de todos los periodos de su vida, entre ellos siete trajes de terciopelo del periodo del “caballero de terciopelo”.

Pero lo más importante, había composiciones de las cuales nadie había oído hablar (o que se creían perdidas) por todos lados: atrás del piano, en las bolsas de los trajes de terciopelo, etc. Estas incluían las Vexations, Geneviève de Brabant, y otros no publicados o no terminados, como “el pez soñador”, muchos ejercicios de la Schola Cantorum, un conjunto no conocido de las piezas “caninas”, algunos otros trabajos para piano, muchas veces sin título (las cuales fueron publicadas como Nuevas Gnossiennes], Pièces Froides, Enfantines, Música de amueblamiento, etc.)."


martes, 27 de mayo de 2008

MEMORIA

Ningún pitagórico se levantaba del lecho hasta que no hubiera rememorado las ocupaciones del día anterior; y esto lo realizaba esforzándose en recordar lo que dijo u oyó o mandó hacer a sus domésticos en primer lugar, o lo que dijo, oyó o mandó en segundo y en tercer lugar. Empleaba el mismo método para el resto del día.Tenía que intentar recordar quién fue la primera persona que había encontrado al salir de casa, quién la segunda o tercera con la que había conversado. Otro tanto tenía que hacer con todo lo demás, esforzándose en resumir en su memoria todos los acontecimientos de la jornada, y en el mismo orden en que le habían ocurrido. En el caso de que después de levantarse tuviera bastante tiempo libre, el pitagórico rememoraba los acontecimientos del día anterior al de ayer.

Yámblico, Vida de Pitágoras
en "Filósofos griegos, videntes judíos"
de I. Gómez de Liaño, ed. Siruela
ISBN 84-7844-501-3

miércoles, 9 de abril de 2008

MUERTE HEROICA

Según cuenta la leyenda, el mariscal Francisco Solano López antes de morir, intentó tragarse la bandera paraguaya, con la intención que los enemigos no se la llevaran como un trofeo.


miércoles, 12 de marzo de 2008

Estanque/laberinto (Tim Behrens/ José Espona)




Ahora tu nombre es de agua
y se enturbian sus sílabas que ha curvado el recuerdo
como si hubieras puesto niebla sobre tus huellas
como si todo hubiese sido fabricado por tu nombre, tu conjuro
esa niebla en tu rostro que teje huellas de agua
curvando sílabas, cruzándolas con lo amargo y lo turbio.

Una palabra que es un recuerdo mágico
un conjuro que busca la línea de tus huellas
cruzando por entre aguas las letras de tu nombre
de tu rostro enturbiado por las curvas del tiempo
que fabrica esas sílabas, que vuelve
encima de tus huellas llenándolas de niebla
una vez y otra vez
como un conjuro amargo.

De L. Cohen, por Imogen Heap.

Esta pieza es original de Leonard Cohen. La versión más conocida es la de Jeff Buckley; de hecho los jóvenes creen que es la original. Pero aunque el autor, Cohen, la canta peor, lo cierto es que también hay que decir que esta canción es la mejor grabación de Jeff Buckley.

Está en youtube, pero no se puede pegar. Podeis verla en:

http://es.youtube.com/watch?v=AratTMGrHaQ
(Gracias a Lucía)

Jeff Buckley fué artista de vida corta, brillante y triste. Un buen día se levantó de la hierba, junto a la orilla del río, donde escuchaba música con un amigo, y, vestido como estaba, se metio en el agua y siguió andando hasta que...desapareció. Tenía 31 años y todo a favor en la vida, menos su propio corazón.

miércoles, 5 de marzo de 2008

¡ES LA GUERRA!

El otro día había en el bosque un tipo haciendo motocross. Uno se pregunta ante esta gente:

Si amas los sonidos y el silencio del bosque
si amas los olores del bosque y el tacto de las cortezas y los musgos del bosque
¿por qué vienes en moto?

Y si no amas los sonidos y el silencio del bosque
ni amas los olores del bosque ni el tacto de las cortezas y los musgos del bosque
¿por qué vienes al bosque?

Pero en fin, esto es inevitable: DONDE HAY UN QUAD, HAY UN MEMO / DONDE HAY UN MEMO, HABRÁ UN QUAD!

A las armas!...al día siguiente llevé en la mochila un hacha pequeña. Corté dos o tres eucaliptos jóvenes -no es pecado- y los crucé en el estrechamiento del camino de entrada al bosque. LLevé también ramas caídas, desgajadas por el temporal, pero bien grandes, y las encajé en el mismo sitio, añadiendo algunos troncos podridos. Una barricada tan buena que ahora casi no paso ni yo.

¡BUSCA UNA UTILIDAD PARA LOS EUCALIPTOS! ¡CRÚZALOS EN EL SENDERO! ¡VIVE LA EXPERIENCIA DE SER POR UNA TARDE UN LEÑADOR PSICÓPATA!