
Rafael Sánchez Ferlosio, autor al que leo y releo constantemente, tiene como una de sus características de estilo la reiteración en los argumentos, las definiciones febrilmente precisas y la despreocupación por el aspecto consumible de sus textos.
Así que, las más veces cuesta seguirle entre citas en latín y tecnicismos gramaticales. Pero, de todos modos, merece la pena, porque no esconden el vacío como suele pasar con tantos eruditos, ni se rebaja a lo banal para facilitarnos el camino.
Con todo y eso, de vez en cuando, entre tantos mecanismos de razonamiento, Ferlosio deja colarse una especie de viñetas recogidas de lo real, a través de una mirada sencilla y luminosa, sin una palabra de más, que suponen un sorprendente regalo para nuestra emoción y nuestra inteligencia.
Aquí van un par de ejemplos extraídos de textos breves que el autor llama "Pecios":
(Paisaje para Demetria): Por el lomo de la alta pared del huerto, coronada con cascotes de botella, venía andando esta tarde un gatito, sin cortarse.
(Heraclio) Hace ya muchos años, yendo yo por los campos y dehesas que desde la
carretera de Piedralaves hacia Pedro Bernardo y Arenas de San Pedro van bajando, ondulantes, hasta la orilla derecha del Tiétar, vi que me seguía, como a unos 10 o 12 metros de distancia, sin tratar de alcanzarme, un perro grande, un mastín, que arrastraba un trozo de cuerda que traía atado al cuello. Era, evidentemente, un perro ahorcado, que con su peso había roto la cuerda y había salvado la vida. ¿Qué vida? Aquel andar tan cansado, con la cabeza baja, aquellos ojos tristes y como entrevelados, ¿podían ser todavía la vida? La confianza en que aún alguien en el mundo lo acogiese la traía ya tan disminuida que se me fue quedando lentamente atrás hasta perderme de vista.